Si hay una cosa que siempre me ha gustado vivir en China (a parte de muchas otras, por supuesto) son las megalibrerías, gigantes edificios llenos de libros en chino sobre cosas absurdas a precios absurdos. Aun no alcanzo a entender cual es el proceso por cual en España el libro se ha convertido en un articulo de lujo. Todo un reflejo de acceso a la cultura y tal.
Tengo que admitir, sin embargo, que lo mio con las librerías es algo especial, y en cada nuevo país o ciudad que aterrizo siento la necesidad de visitar alguna librería, incluso de comprar algún libro, aunque ni siquiera entienda el título.
Por la contra y como era de esperar, estas librerías no tienen un encanto especial ni ambiente bohemio. Algunas en un intento de hacer una coffe-bookshop de esas rollo hipster, le pegan en la segunda planta un Starbucks como si fuera un parche. Así te puedes sentir más europeo mientras lees la ultima biografía de Deng Xiaoping. Que énfasis, pardiez.

